El caudillo Chik-Chan secuestró a la hija del cacique del norte y acudió a mí en busca de las cartas astrales, con la intención de tomarla como esposa según nuestros ritos.
Yo consulté a las estrellas, estas respondieron: no estaban destinados a estar juntos, pues la hija del cacique se resistía a esta unión. Consumido por la ira, Chik-Chan destruyó los mapas astrales. Se negó a escuchar la voluntad de los cielos.
Me arrancaron la lengua y me encerraron aquí. Y ahora no pasa un solo día sin que rece por venganza.
Las estrellas no tienen piedad. Ellas lo ven todo. Castigarán a mi asesino.