El caudillo Chik-Chan llegó, investido de autoridad, y exigió conocer su destino.
Yo consulté a las estrellas, y estas respondieron: Chik-Chan traería una gran calamidad sobre nuestro pueblo. El caudillo no aceptó la profecía. Cegado por la furia, ordenó que destruyeran mis registros y me encerraron aquí para siempre, sin comida ni agua.
Las estrellas no tienen piedad. Ellas lo ven todo. Castigarán a mi asesino.