Incontables inviernos han pasado desde el Día del Gran Pesar. Ya he perdido la cuenta.
Apenas queda nadie. Cada acto de resistencia es más difícil que el anterior.
La ciudad en la montaña, vacía. Mi pueblo se equivocó: y lo ha pagado con el olvido.
Queda un último recurso: una reliquia de tierras lejanas. Con ella, restauraré a mi dios…, o pereceré.
Llevaré a cabo el ritual con la luna llena ante las bestias sagradas del Señor de la Muerte, sobre el altar. Derramaré mi propia sangre con una hoja de obsidiana y rezaré.