Han pasado doce veces doce inviernos desde el Día del Gran Pesar. Y aún camino por este mundo.
La montaña cada vez está más vacía. Mi pueblo huye del pasado, como el jaguar huye de la antorcha.
Yuknom se levantó de su tumba la última luna, perturbado por la maldición. Apenas logramos volver a darle descanso. Allí donde cayó, la tierra se marchitó.
Dos de mis guardianes untaron sus lanzas con su sangre: uno se volvió más fuerte; el otro sucumbió a la corrupción.
Tenemos miedo, pero no hemos perdido la esperanza. La propia maldición podría ser la respuesta a nuestras plegarias.