Han pasado doce inviernos desde el Día del Gran Pesar, pero mi dios no ha regresado.
Ofrecemos el calor vivo de nuestra sangre y elevamos nuestras plegarias; no obtienen respuesta.
La enfermedad aún no nos ha afectado a ninguno de nosotros, pero la puedo sentir en el agua, en la tierra, en el susurro de la hierba bajo mis pies… Algún día llegará.
Nuestra gente, en la ciudad de la montaña, vive como si nada hubiera ocurrido. Levantan templos al Señor de la Muerte y escuchan el silencio. Desean olvidar.
Es por eso que debemos recordar.