Somos los Hijos del Arca Nueva. Somos las tablas de sus costados, las velas de sus mástiles, los clavos de sus costillas. Somos almas dispersas reunidas en una sola por voluntad divina.
Los pecadores se pudrirán en el seno de la tierra contaminada, mientras que el Arca Nueva navegará sobre olas benditas.
La Cabeza es nuestro timonel inquebrantable. Así como el mar obedece al viento, nosotros escuchamos Su Palabra. Quien la escuche, se verá elevado; quien la desobedezca, será maldecido y conocerá tormentos infinitos, suspendido para siempre entre la tierra y el cielo, sin encontrar nunca el verdadero rumbo.
Renunciamos a la carga de lo mundano: solo los puros de corazón y humildes de alma llegarán al puerto prometido.
Creemos que el fin de los días está cerca. Pronto, el abismo del infierno se abrirá y se tragará este mundo empapado en pecado. Somos los elegidos y, por lo tanto, seremos salvados.
Somos los Hijos del Arca Nueva.