Maldita sea. En cuanto le puse las manos encima al artefacto, apareció Hands.
Que los buitres se coman sus huesos.
Vino a hacerme una visita amistosa, incluso trajo unas cuantas botellas de vino y caza fresca; me hizo bajar la guardia. Por la mañana, el artefacto había desaparecido, al igual que Hands.
El propio Barbanegra me colgará del penol si no le traigo esa maldita reliquia.
Enviaremos un escuadrón a las Colinas. Con discreción.
… Y maldita sea, la carne estaba excelente.